El enfrentamiento entre Justo José de Urquiza y Juan Manuel de Rosas tuvo en 1851 uno de sus momentos decisivos. El 1° de mayo de ese año, el gobernador de Entre Ríos realizó el denominado Pronunciamiento, por el cual la provincia reasumió las facultades que había delegado en el gobierno de Buenos Aires para conducir las relaciones exteriores y los asuntos generales de paz y guerra de la Confederación.
La decisión significaba una ruptura con el esquema político encabezado por Rosas. El texto del Pronunciamiento sostenía que la situación de Rosas no le permitía continuar al frente de esos asuntos y planteaba que Entre Ríos podía relacionarse directamente con los demás gobiernos hasta que se reuniera una Asamblea Nacional que organizara definitivamente la República.
La reacción de Rosas
La respuesta desde Buenos Aires fue inmediata y se expresó tanto en el discurso político como en distintas disposiciones oficiales. La confrontación fue adquiriendo un tono cada vez más duro, en un contexto en el que Urquiza comenzaba a construir una alianza para enfrentar militarmente a Rosas.
El 20 de septiembre de 1851, la Sala de Representantes de Buenos Aires sancionó una ley vinculada con la confrontación. Entre otras disposiciones, estableció que en los actos públicos de la provincia no debía utilizarse la denominación de general para referirse a Urquiza y que debía aplicársele el calificativo de “loco, traidor, salvaje unitario”.
La misma ley puso a disposición de Rosas los recursos, fortunas, vidas y futuro de los representantes y sus comitentes para sostener la guerra contra Urquiza. También dispuso celebraciones públicas en respaldo al gobernador bonaerense, con salvas de cañones, repiques de campanas, embanderamiento e iluminación de la ciudad.
El enfrentamiento se encaminaba así hacia una definición militar. Urquiza, mientras tanto, avanzaba en la conformación del Ejército Grande, con la participación de fuerzas de Entre Ríos, Corrientes, Uruguay y el Imperio del Brasil. La alianza enfrentaría a las fuerzas de Rosas al año siguiente.
De Caseros a la organización nacional
El conflicto terminó el 3 de febrero de 1852 con la batalla de Caseros, en la que las fuerzas comandadas por Urquiza derrotaron al ejército de Rosas. El gobernador de Buenos Aires abandonó posteriormente el país y se instaló en Inglaterra.
La caída de Rosas abrió una nueva etapa en la historia argentina. Urquiza impulsó entonces la convocatoria que desembocaría en el Acuerdo de San Nicolás y en el Congreso Constituyente que sancionó la Constitución Nacional de 1853.
La expresión utilizada contra Urquiza en aquella ley bonaerense quedó, con el paso del tiempo, como uno de los testimonios más visibles de la intensidad de la disputa política que precedió a la caída de Rosas. Apenas cinco meses después del Pronunciamiento, el conflicto ya había transformado la relación entre Buenos Aires y Entre Ríos en una confrontación abierta que terminaría modificando el rumbo político de la Confederación.