Mucho antes de los multitudinarios shows que marcarían una época en distintos puntos del país, los Redondos eligieron a Concordia como escenario para dos presentaciones consecutivas que todavía permanecen intactas en la memoria de quienes tuvieron la oportunidad de vivirlas.
Los recitales se realizaron los días 8 y 9 de diciembre de 1995 en la desaparecida discoteca Costa Chaval, ubicada en las inmediaciones de la estación del ex Ferrocarril General Urquiza. Durante ambas noches, más de dos mil personas colmaron el local y transformaron a la ciudad en un punto de encuentro para seguidores llegados desde distintos rincones de la Argentina.
Una ciudad invadida por el fenómeno ricotero
Aquellos días, Concordia experimentó un movimiento inusual. Las calles cercanas al boliche, los espacios públicos y especialmente la playa Los Sauces se poblaron de fanáticos que llegaron con anticipación y permanecieron varios días en la ciudad para asistir a los recitales.
La banda venía de recorrer distintos escenarios del país y atravesaba una etapa de enorme crecimiento artístico. Los discos "Lobo Suelto" y "Cordero Atado" eran sus trabajos más recientes, mientras comenzaban a tomar forma las canciones que poco tiempo después integrarían "Luzbelito", uno de los álbumes más emblemáticos del rock argentino.
Como una muestra de complicidad con el público local, el Indio Solari abrió ambas presentaciones interpretando "El pibe de los astilleros", tema que incluye en su letra una referencia a "una linda damita de Concordia". El gesto fue recibido con entusiasmo por los presentes y quedó grabado entre las anécdotas más recordadas de aquellas noches.
Dos shows que ingresaron a la leyenda
Los recitales mantuvieron prácticamente el mismo repertorio durante las dos jornadas. Sonaron clásicos como "Nuestro amo juega al esclavo", "Queso ruso", "Ladrón de mi cerebro", "Yo, caníbal", "Ya nadie va a escuchar tu remera" y el infaltable cierre con "Ji Ji Ji", convertido años después en uno de los himnos más convocantes del rock nacional.
Fuera de lo estrictamente musical, sólo se registró un incidente cuando un grupo de personas dañó uno de los portones de acceso al predio. La situación motivó la intervención policial y el refuerzo de los controles en los ingresos, sin alterar el desarrollo de los espectáculos.
Con el paso del tiempo, aquellas dos noches adquirieron una dimensión especial. Quedaron algunos registros fotográficos, grabaciones de audio y los listados de canciones interpretadas, testimonios de una época en la que todavía era posible ver a los Redondos en escenarios relativamente pequeños.
El legado de una visita inolvidable
Tres décadas después, el fallecimiento de Carlos Solari volvió a poner en primer plano aquellos recitales que forman parte de la historia cultural de Concordia. Para muchos seguidores entrerrianos fueron las únicas oportunidades de ver a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y constituyen un capítulo imborrable de la relación entre la banda y el público de la región.
Hoy, mientras miles de fanáticos despiden a una de las figuras más influyentes del rock argentino, el recuerdo de aquellas jornadas de diciembre de 1995 vuelve a ocupar un lugar central en la memoria colectiva de Concordia, una ciudad que durante dos noches fue protagonista de una página que terminó convirtiéndose en leyenda.