Homilía jueves Santo . En el marco de la celebración de la Misa de la Última Cena del Señor, el obispo de Concordia Gustavo Zurbriggen reflexionó sobre el significado profundo de la Eucaristía y llamó a la comunidad "a vivir la fe desde el amor, el servicio y la cercanía con quienes más lo necesitan".
Durante su homilía, el prelado destacó que la Última Cena representa “la cena del amor, del amor entregado, del amor hecho servicio humilde y generoso”, subrayando que "ese gesto de Jesús se transforma en un ejemplo concreto para la vida cotidiana de los creyentes".
Asimismo, recordó que en esa instancia Cristo instituye el sacramento de la Eucaristía, con el mandato de perpetuar su entrega a lo largo del tiempo. “Cada vez que celebramos la Eucaristía nos abraza el amor salvador de Jesús”, expresó.
Un llamado al compromiso con los que sufren
En otro tramo de su mensaje, Zurbriggen remarcó que la celebración eucarística no solo implica un acto litúrgico, sino también un compromiso misionero. En ese sentido, invitó a los fieles a ser “misioneros de la caridad, de la ternura y de la compasión de Dios”.
El obispo hizo referencia a las distintas realidades de sufrimiento presentes en la sociedad, como la enfermedad, la pobreza, la soledad, las adicciones y la marginalidad, señalando que "es allí donde los cristianos están llamados a actuar".
“La primera caridad es la cercanía”, afirmó, al tiempo que destacó la importancia de “mirar a los ojos, reconocer la dignidad del otro y acompañar con ternura”.
La invitación a una conversión concreta
Finalmente, el obispo instó a la comunidad a vivir una conversión auténtica, que se refleje en acciones concretas hacia los demás. “Pidamos la gracia de la conversión, para que después de cada comunión seamos compasivos, misericordiosos y servidores de todos”, expresó.
En ese sentido, recordó el gesto del lavatorio de los pies como símbolo del servicio que Jesús propone a sus discípulos, invitando a replicarlo en la vida diaria.
De esta manera, la celebración de la Última Cena se presentó como una oportunidad para renovar el compromiso cristiano con el prójimo, especialmente con los más vulnerables, en un contexto social que reclama mayor solidaridad y empatía.