La cancha de bochas del Centro de Jubilados Nacionales y Provinciales de Villa Zorraquín volvió a cobrar vida. Ubicada sobre avenida Monseñor Rösch, al lado de Comisaría Quinta, el espacio fue recuperado por una nueva comisión y, desde hace seis meses, volvió a abrir su portón con un objetivo claro: reunir a la comunidad.
El espacio se concretó gracias a un aporte realizado hace casi una década, por parte del Presupuesto Participativo de la municipalidad. “Esta cancha hace más o menos ocho años que ya estaba, después se abandonó, y hace seis meses que le hicimos todo de nuevo”, contó Eduardo Spinelli a Diario Río Uruguay. “La estamos poniendo a jugar de vuelta y queremos arrimar gente, jubilados y no jubilados. Que sea un punto de encuentro”, expresó.
La iniciativa no sólo convoca a vecinos de Villa Zorraquín, sino también de zonas cercanas como Osvaldo Magnasco, e incluso a quienes quieran sumarse desde otros puntos de la ciudad. “Lo que queremos es que la gente venga, que vea el trabajo de recuperación y que se sienta parte”, remarcó.
Un espacio que se reconstruye entre todos
La recuperación del espacio no fue sencilla. Mantener una cancha de bochas requiere dedicación constante y trabajo en equipo. “Esto hay que cuidarlo siempre, dos veces por semana mínimo. Hay que pasar el rolo, emparejar. No es llegar y jugar, siempre hay algo para hacer”, explicó Spinelli.
El mantenimiento corre por cuenta de los propios integrantes del centro, con el acompañamiento de quienes tienen más experiencia. Ese esfuerzo colectivo es también parte del valor que hoy le dan al lugar: no sólo es un espacio de juego, sino de compromiso compartido.
Los encuentros se realizan tres veces por semana: martes, viernes y domingos, generalmente a partir de las 14:30 o 15 horas. “El domingo es más familiar, viene gente, traen mate, facturas. Cada uno aporta algo y se comparte”, relató.
Más que un juego, un punto de encuentro
En esas jornadas, la bocha es apenas una excusa. También hay lugar para las cartas, la lotería y la charla. “Se hace un ambiente muy lindo, muy de familia”, describió otra jubilada, de nombre Hilda González. La participación suele ser numerosa: entre 35 y 40 personas, e incluso más en algunas ocasiones.
Aunque no hay competencia formal ni torneos, el espíritu del lugar está puesto en la participación y la inclusión. “No es para competir, es para que los jubilados participen, se encuentren”, subrayó Spinelli.
Además, ya proyectan nuevas mejoras. “Queremos hacer una canchita de tejo en el fondo, porque hay muchos abuelos que quieren jugar”, adelantó.
Un lugar abierto para todos
Para quienes atraviesan la jubilación, muchas veces en soledad o sin actividades, el centro se presenta como una alternativa concreta. “Es muy importante. El que no tiene qué hacer en su casa, que se arrime. Acá lo vamos a recibir con mucho gusto”, invitó el jubilado entrevistado por un cronista de Diario Río Uruguay.
En ese clima, hombres y mujeres comparten el mismo espacio y el mismo juego. “Las mujeres también juegan a la par de los varones”, destacó.
Así, entre bochas, mates y risas, la cancha recuperada volvió a cumplir su función más valiosa: ser un lugar donde el tiempo se comparte y la comunidad se reconstruye, tiro a tiro, entre bochas rayadas y lisas.