La Dirección de Bromatología de la Municipalidad de Concordia emitió una serie de recomendaciones dirigidas a las familias sobre el consumo de miel durante la primera infancia, con el objetivo de prevenir casos de botulismo del lactante.
Desde el organismo explicaron que existe una edad mínima recomendada para incorporar este alimento a la dieta infantil y remarcaron la importancia de respetar esa indicación para evitar riesgos para la salud.
En ese sentido, señalaron que el botulismo del lactante es una enfermedad poco frecuente, pero potencialmente grave, por lo que insistieron en la necesidad de seguir las recomendaciones elaboradas por las autoridades sanitarias.
Cuál es la edad recomendada
Desde Bromatología recordaron que la miel no debe ser suministrada a niños menores de un año, ya que puede contener esporas de la bacteria Clostridium botulinum.
Explicaron que, durante el primer año de vida, el sistema gastrointestinal de los bebés aún no posee el nivel de acidez ni la flora intestinal necesaria para impedir el desarrollo de esas esporas. En esas condiciones, la bacteria puede multiplicarse en el intestino y producir la toxina responsable del botulismo.
En cambio, indicaron que la miel puede ser consumida de manera segura por niños mayores de un año y por adultos sanos, debido a que el aparato digestivo ya cuenta con mecanismos que impiden el crecimiento de la bacteria y la producción de la toxina.
Las medidas para prevenir la enfermedad
Además de respetar la edad recomendada para incorporar la miel a la alimentación, desde la Dirección de Bromatología recordaron que tampoco deben ofrecerse a los bebés alimentos que contengan este ingrediente.
Asimismo, aconsejaron no utilizar miel en chupetes ni en las tetinas de las mamaderas, ya que esa práctica también puede exponer a los menores al riesgo de desarrollar la enfermedad.
Finalmente, recomendaron mantener una adecuada higiene de manos, lavar y cocinar correctamente las verduras destinadas a la alimentación de los bebés y evitar que los niños introduzcan en su boca alimentos u objetos que hayan estado en contacto con la tierra, como parte de las medidas preventivas para reducir el riesgo de botulismo del lactante.